miércoles, 28 de noviembre de 2018

Anna Freud






Anna Freud fue una hija no deseada. Era la pequeña de 6 hermanos y la única que, llegada la adolescencia, se convirtió en la discípula devota y casi abnegada de su padre, Sigmund Freud. Fue “conejillo de indias” para el psicoanálisis y también heredera de su legado. Eso sí, una buena parte de lo que Anna Freud aportó al campo de la psicología infantil fue algo pionero y realmente valioso.
El nombre de esta interesante mujer afortunadamente no navega en la bruma del olvido. Su nombre no ha caído en ese eco difuso donde otras figuras femeninas quedaron casi diluidas por la cercanía de grandes hombres con los que compartieron linaje. Ahí está, por ejemplo, la figura de Ada Lovelace, notable matemática y precursora del lenguaje de programación; una mujer que para muchos no fue más que la hija aventajada de Lord Byron.
“Siempre busqué en el exterior la fuerza y la confianza, pero después descubrí que están en el interior, ahí donde han resido todo el tiempo”
                                                                                                          -ANA FREUD-

Anna Freud también fue la hija más aventajada del padre del psicoanálisis, una niña que llegó al mundo sin que nadie la esperara pero que al poco consiguió hacerse un hueco entre sus hermanos y entre todos esos familiares que idolatraban ciegamente al médico y neurólogo austriaco. Anna era revoltosa, inquieta y buscaba por encima de cualquier cosa ganarse a la fuerza la admiración de su padre, un hombre que la trató siempre más como una paciente que como una hija.

Fue a lo largo de los años 20 cuando, siendo ya miembro de la Asociación Psicoanalítica de Viena, su vida empezó a tomar nuevos rumbos. Freud ya había recibido el diagnóstico del cáncer de paladar y Anna, decidida a no dejar a su padre en ningún momento, pensó que aunque no lo abandonaría físicamente orientaría su carrera a otros campos. En lugar de ejercer como analista, decidió tratar pedagógicamente a niños pequeños bajo directrices psicoanalíticas.

La Psicología del Yo


Anna Freud fue siempre una mujer práctica. No le gustaba demasiado teorizar: de ahí que sus libros estén llenos de interesantes casos prácticos como base para justificar y desarrollar sus ideas. Lo que más deseaba Miss Freud era que el psicoanálisis tuviera una utilidad terapéutica en la vida de las personas, especialmente en la de los niños.

A lo largo de su vida se preocupó mucho más de la dinámica mental que de su estructura. De ahí que se interesara más por el YO que por el ELLO, y de esa parte inconsciente de la vida psíquica que tanto apasionaba a su padre.
Anna Freud es especialmente conocida por su libro “El Yo y los Mecanismos de Defensa”. En sus páginas explica cómo funcionan cada una de estas dinámicas, dedicando un apartado especial al uso de los mecanismos de defensa de los niños y los adolescentes.

Asimismo, también ahondó en una idea interesante, y es el hecho de que la mayoría de nosotros aplicamos diferentes mecanismos de defensa y que no hay nada de patológico en ello. El enfoque de Anna Freud no se centraba tanto en los síntomas de posibles anomalías, como lo hizo su padre. Buscaba también combinar su prisma teórico con una psicología más al uso que a todos nos fuera útil, práctica.








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